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Técnicas comerciales para niños
5 ago
Por todos es sabido que el público infantil es fácil de persuadir para que compren el producto de una marca en lugar del de la competencia. A través de, sobre todo, la televisión, son bombardeados con anuncios publicitarios que casi les obligan a comprar sus productos. Unas veces esta publicidad es el típico “spot”, pero en muchas otras ocasiones, viene en forma de serie o película de dibujos animados. ¡Qué peligroso suena esto!
La motivación de este artículo viene de una visita reciente a una de esas cadenas de jugueterías que, artificialmente, se disfrazan de paraíso infantil. Claro que, a la vez, son un infierno para el bolsillo de los padres.
Para empezar, la película de moda tiene su stand a la entrada del centro. En lugar de hablar de precios competitivos deberíamos hablar de precios abusivos pero, como aparece el muñeco de moda para los niños y niñas, será difícil escapar. Obviamente, las marcas pagan por esto. Al igual que una marca de detergentes gasta su dinero en conseguir que su producto esté en la cabecera del lineal, las compañías jugueteras pagan por estos emplazamientos privilegiados. Y no solo se encuentran muñecos o similares, nada de eso; podemos llegar a encontrar desde tazas hasta llaveros que poco tienen que ver con la marca, producto o película ofertada. Pero el envase lleva el logo, eso es suficiente.
Pero claro, si entramos un poco más en el centro, podemos comprobar que aquellos juguetes con los que todos hemos jugado cuando éramos pequeños, se encuentran en un segundo plano. El juguete tradicional es barato, y poco atractivo frente a los productos de las grandes jugueteras. Eso hace que sean percibidos como productos de baja calidad, cuando ha sido lo que siempre se ha vendido en el sector. Estoy totalmente convencido de que si, a estos juguetes tradicionales les subieran un poco el precio, venderían tanto como los de las grandes marcas si se ubicaran próximos a estos últimos. Pero no interesa.
Como veis, es una estrategia estupenda, para un público que se convence de una forma muy sencilla. No tienen más que ver lo que está de moda para comprarlo (o pedirlo). Será después cuando piensen si, realmente les gusta eso frente a otros juguetes. Así que, tened cuidado cuando llevéis a vuestros hijos al cine, o con la entrada, tendréis que comprar un buen cargamento de juguetes.
¿Seguro que quieres un café?
18 ago
Hace unos días comencé a leer el libro “El economista camuflado“, de Tim Harford. Es un libro en el que el autor trata de explicar los fundamentos de la economía de una forma sencilla para los no iniciados (aunque yo, como ‘iniciado’, lo estoy disfrutando igualmente) y ya de paso, de una forma amena. Una lectura muy recomendada, así que hay que anotarla en vuestra lista de lecturas pendientes.
En sus primeras páginas, para situar las primeras explicaciones, habla de las grandes cadenas de cafeterías. Brevemente, podríamos decir que este tipo de cafeterías se caracterizan por estar donde y cuando se las necesita; en las grandes ciudades se encuentran a las entradas y salidas del metro, esquinas de calles muy transitadas… Cuando la gente pasa junto a estos comercios deseosos de un café, entran sin más, cueste lo que cueste. Prefieren gastar un poco más antes que tener que buscar otra cafetería más económica; parece razonable cuando es una persona con poco tiempo, ¿Verdad?
El problema es que en este tipo de cafeterías, los productos son notablemente más caros que en establecimientos normales. Este incremento de los precios está motivado por los alquileres de los locales. Estos alquileres son caros debido a los emplazamientos privilegiados de los locales, y como es normal, las empresas trasladan ese gasto en alquileres a los consumidores. Todo esto es normal y muy comprensible.
Pero después de leer, de comprender y de incluso meditar todo lo que se dice en el libro, tengo una duda que no se si la resuelvo de forma correcta. A continuación, expongo la situación:
Hace unos días, durante mis vacaciones, acudí a una cafetería de una gran cadena, parecida a las que se describen en el libro. El emplazamiento no era tan bueno como los que se describen en el libro: Era una gran avenida, transitada, pero con cafeterías alternativas muy cercanas. Lo que tomamos fue un Capuchino y un café solo, a aproximadamente 2,60 y 1,8 euros, respectivamente (no recuerdo exactamente los precios). Sabía de antemano el precio que tendrían nuestras bebidas, pero me hizo pensar en algo. Si hay alternativas mucho más baratas y muy próximas, ¿Por qué esta cafetería tenia los precios tan elevados?
Ya hemos dicho que el lugar no era malo, pero tampoco excelente, y con mucha competencia alrededor (con precios aproximadamente un 50% más baratos)
Creo que la respuesta es sencilla. Estas cafeterías (o cualquier negocio de este tipo) tienen sus precios unificados, en mayor o menor medida, de forma que en el mismo territorio (salvo excepciones) comparten ofertas y precios. Esta estrategia, pudiendo mejorarse, reporta beneficios sustentados en una imagen de marca potente, con un único punto débil: La competencia local. Esta competencia, ofrece unos precios muy competitivos por unos productos muy similares, con la desventaja de que son los grandes desconocidos, al carecer de imagen de marca.
Pienso que esta puede ser la respuesta a la cuestión, pero me gustaría conocer vuestras opiniones acerca del tema. Pensadlo y entonces decidme: ¿Seguro que queréis un café?

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