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Diferenciación y fidelización, más relacionadas de lo que parece.
8 Feb
En una economía de mercado, lo natural es que exista competencia. Cualquier otra alternativa simplificaría tanto el mercado que no solo lo convertiría en aburrido, sino en monopolístico. Es por ello que cualquier empresa, grande o pequeña, si quiere triunfar o, por lo menos, llevarse una parte de la tarta, deberá establecer algún tipo de diferenciación frente a sus competidores.
Dentro de este tipo de diferenciación, vamos a tratar el tema de la fidelización de clientes. Aunque no lo parezca, diferenciación y fidelización en muchas ocasiones van de la mano; son las características diferenciadoras las que atraen a los clientes y crean en estos conductas de reiteración frente a la empresa. La fidelización se basa en lo que denominamos las 3 “C”: Captar, convencer y conservar. A este respecto, podríamos decir que la diferenciación protagoniza las fases de captación y convicción y la de fidelización, en un sentido estricto, estará dentro del marco de las técnicas que utilizamos para conservar al cliente.
Como acabamos de indicar, la diferenciación frente a la competencia la podemos utilizar para captar y convencer a nuestros clientes potenciales. La propia existencia de la competencia implica que las ofertas procedentes de varias empresas deban tener algún rasgo característico, que haga que las ofertas no sean homogeneas. Consecuencia de esto es que cada empresa atraerá a su público objetivo en función de las características de su producto u oferta. No hemos obviado la etapa de convencer, ya que incluso pensamos que debería ir antes de la captación del cliente. Cuando ofertamos algo, debemos comunicar porqué es mejor nuestro producto que el de la competencia, o en qué aspectos se diferencia de otros productos similares o sustitutivos. Hay que convencer al cliente, por el método que sea, de que debe adquirir o utilizar nuestro producto. Será, después de convencer (o incluso simultaneamente), cuando se produzca la captación del cliente.
Por ejemplo: ¿Qué nos hace elegir una Blackberry y qué nos hace elegir un terminal Android?
Pero ahora llega la fase más complicada del proceso de fidelización del cliente. Una vez captado y convencido, nuestro cliente se enfrenta a la difícil tarea de evaluar el producto, fase complicada para ambos. El cliente puede enfrentarse a procesos de disonancia cognitiva que hagan que se arrepienta de la adquisición o podría evaluar negativamente el producto, descartando de inmediato que ese cliente vuelva a comprar en la empresa. Por ello, el primer paso para la fidelización del cliente ha de pasar por la calidad del producto. Si nuestro producto está fabricado/servido con la calidad esperada (o incluso, superior a la esperada) por el consumidor, tendremos mucho ganado. Que ese cliente se sienta satisfecho es más que probable. Pero esto no es suficiente; existen multitud de técnicas capaces de hacer que el cliente vuelva a confiar en nuestro producto o empresa.
Día tras día vemos como las empresas establecen programas de puntos, tarjetas de cliente, descuentos especiales con el único fin de retener a sus clientes. Y es que está demostrado que es mucho más fácil cuidar a nuestros clientes para que estos vuelvan a buscar nuevos clientes. Por ello, debemos hacer que nuestro cliente se sienta identificado con nuestro producto o nuestra empresa. (¿Os habéis fijado en Apple? Ser su cliente es casi como formar parte de un exclusivo club.)
Para concluir, os resumiré las ideas clave del artículo; para fidelizar a nuestros clientes tenemos que llevar a cabo tres fases: Captar a los clientes potenciales dentro de nuestro mercado objetivo, convencer de que lo que ofrecemos es único e insustituible, tarea en la que la diferenciación nos ayudará más de lo que creemos, y por último conservar a nuestros clientes, ya que si están satisfechos, volverán seguro a nosotros. ¿Qué pensáis?
Imagen: Flickr
Caja y platos, pero ahorrando costes
2 May
Cada vez que vamos a una pizzería, siempre nos dan una cosa que a mi siempre me ha hecho mucha gracia. Se trata de una especie de palas de cartón, que en los anuncios de tv la gente utiliza para comer la pizza desde ahí, pero a la que yo no le veo otra utilidad que la de poner la pizza cuando quema más de la cuenta.
Esos cartones, por muy poco que valgan, tienen un coste que la empresa tiene que afrontar (además del impacto medioambiental que pueda suponer) y que, a buen seguro, supone una curiosa cantidad de euros. ¿Cómo ahorrar en ese gasto ridículo? (ridículo, a mi entender, ya que sigo sin verle la utilidad a esas palas de cartón)
La idea de este post y la respuesta a esa pregunta están en el siguiente video. Se trata de Green Box, una caja como la que se utiliza para envasar pizzas, la cual está preparada de tal manera que permite dividir una de las partes de la caja como si de platos se tratase. Una idea curiosa que, a buen seguro, muchas empresas comenzarán a utilizar tan pronto como la descubran.
¿Seguro que quieres un café?
18 Ago
Hace unos días comencé a leer el libro “El economista camuflado“, de Tim Harford. Es un libro en el que el autor trata de explicar los fundamentos de la economía de una forma sencilla para los no iniciados (aunque yo, como ‘iniciado’, lo estoy disfrutando igualmente) y ya de paso, de una forma amena. Una lectura muy recomendada, así que hay que anotarla en vuestra lista de lecturas pendientes.
En sus primeras páginas, para situar las primeras explicaciones, habla de las grandes cadenas de cafeterías. Brevemente, podríamos decir que este tipo de cafeterías se caracterizan por estar donde y cuando se las necesita; en las grandes ciudades se encuentran a las entradas y salidas del metro, esquinas de calles muy transitadas… Cuando la gente pasa junto a estos comercios deseosos de un café, entran sin más, cueste lo que cueste. Prefieren gastar un poco más antes que tener que buscar otra cafetería más económica; parece razonable cuando es una persona con poco tiempo, ¿Verdad?
El problema es que en este tipo de cafeterías, los productos son notablemente más caros que en establecimientos normales. Este incremento de los precios está motivado por los alquileres de los locales. Estos alquileres son caros debido a los emplazamientos privilegiados de los locales, y como es normal, las empresas trasladan ese gasto en alquileres a los consumidores. Todo esto es normal y muy comprensible.
Pero después de leer, de comprender y de incluso meditar todo lo que se dice en el libro, tengo una duda que no se si la resuelvo de forma correcta. A continuación, expongo la situación:
Hace unos días, durante mis vacaciones, acudí a una cafetería de una gran cadena, parecida a las que se describen en el libro. El emplazamiento no era tan bueno como los que se describen en el libro: Era una gran avenida, transitada, pero con cafeterías alternativas muy cercanas. Lo que tomamos fue un Capuchino y un café solo, a aproximadamente 2,60 y 1,8 euros, respectivamente (no recuerdo exactamente los precios). Sabía de antemano el precio que tendrían nuestras bebidas, pero me hizo pensar en algo. Si hay alternativas mucho más baratas y muy próximas, ¿Por qué esta cafetería tenia los precios tan elevados?
Ya hemos dicho que el lugar no era malo, pero tampoco excelente, y con mucha competencia alrededor (con precios aproximadamente un 50% más baratos)
Creo que la respuesta es sencilla. Estas cafeterías (o cualquier negocio de este tipo) tienen sus precios unificados, en mayor o menor medida, de forma que en el mismo territorio (salvo excepciones) comparten ofertas y precios. Esta estrategia, pudiendo mejorarse, reporta beneficios sustentados en una imagen de marca potente, con un único punto débil: La competencia local. Esta competencia, ofrece unos precios muy competitivos por unos productos muy similares, con la desventaja de que son los grandes desconocidos, al carecer de imagen de marca.
Pienso que esta puede ser la respuesta a la cuestión, pero me gustaría conocer vuestras opiniones acerca del tema. Pensadlo y entonces decidme: ¿Seguro que queréis un café?

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