¿Acertaría Apple con un Macbook Air de 800 dólares?


Macbook Air / Travis Isaacs

Según leo en esta noticia, Apple estaría barajando la posibilidad de lanzar al mercado una versión del conocido Macbook Air pero a un precio más reducido. Así, vendería dicho ordenador a 799 dólares (614 euros al cambio), frente a los 999 dólares (768 euros) de la versión básica disponible actualmente.

El motivo que se arguye para el supuesto lanzamiento de este modelo es competir en el segmento de los ultrabooks, que parece estarse imponiendo en el campo de los ordenadores portátiles, así como suponer una verdadera alternativa a Windows, coincidiendo con el lanzamiento de la última versión del sistema de los de Redmond.

Hasta aquí todo parece muy normal y coherente, obedeciendo sobretodo a lo que entendemos por competencia. Pero, por todos es sabido que Apple siempre ha intentado diferenciarse en muchos atributos del producto frente a otras empresas de su sector. Así, el precio, elevado en los productos de Apple, dejaría de ser un atributo diferenciador para convertirse en una herramienta estratégica para quedarse con “parte de la tarta” que constituye el mercado.

Pero esto, lejos de ser una situación sencilla, supone multitud de interrogantes. Y es que los precios suelen tener una función bastante importante, sobretodo en compras de alta implicación, como puede ser la de un ordenador portátil. El cliente, que desconoce las capacidades técnicas del producto, puede basarse en el precio para guiarse, suponiendo que a mayor precio, el producto gozará de una mayor calidad. En eso se ha escudado siempre Apple; sus productos son más caros que los de la competencia porque son mucho mejores.

El precio sirve como indicador, pero ha de usarse en términos relativos. O lo que es lo mismo, en comparación con el precio de otros productos. Si Apple lanza una versión más económica del portátil, pero mantiene una gama superior con precios por encima de esta versión de bajo coste, estaría ofreciendo al cliente una referencia mediante la cual puede efectuar comparaciones. Así, llegará a la conclusión de que el nuevo modelo es más barato porque no es tan completo como los de la gama superior. ¿Veis como ya no hablamos de calidad sino de capacidad técnica?

Por tanto, podríamos decir que sí. Apple acertaría de pleno con una versión más ‘modesta’ de su Macbook Air. Llegaría a segmentos de clientes más sensibles al precio con un modelo algo más limitado, mientras que los fans de Apple, los más exigentes,  podrían seguir optando por las gamas altas, donde el producto sería mucho más completo. ¿Qué opináis respecto a esta estrategia?

Imagen: Travis Isaacs

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Técnicas comerciales para niños


b16objects_household009 Por todos es sabido que el público infantil es fácil de persuadir para que compren el producto de una marca en lugar del de la competencia. A través de, sobre todo, la televisión, son bombardeados con anuncios publicitarios que casi les obligan a comprar sus productos. Unas veces esta publicidad es el típico “spot”, pero en muchas otras ocasiones, viene en forma de serie o película de dibujos animados. ¡Qué peligroso suena esto!

La motivación de este artículo viene de una visita reciente a una de esas cadenas de jugueterías que, artificialmente, se disfrazan de paraíso infantil. Claro que, a la vez, son un infierno para el bolsillo de los padres.

Para empezar, la película de moda tiene su stand a la entrada del centro. En lugar de hablar de precios competitivos deberíamos hablar de precios abusivos pero, como aparece el muñeco de moda para los niños y niñas, será difícil escapar. Obviamente, las marcas pagan por esto. Al igual que una marca de detergentes gasta su dinero en conseguir que su producto esté en la cabecera del lineal, las compañías jugueteras pagan por estos emplazamientos privilegiados. Y no solo se encuentran muñecos o similares, nada de eso; podemos llegar a encontrar desde tazas hasta llaveros que poco tienen que ver con la marca, producto o película ofertada. Pero el envase lleva el logo, eso es suficiente.

Pero claro, si entramos un poco más en el centro, podemos comprobar que aquellos juguetes con los que todos hemos jugado cuando éramos pequeños, se encuentran en un segundo plano. El juguete tradicional es barato, y poco atractivo frente a los productos de las grandes jugueteras. Eso hace que sean percibidos como productos de baja calidad, cuando ha sido lo que siempre se ha vendido en el sector. Estoy totalmente convencido de que si, a estos juguetes tradicionales les subieran un poco el precio, venderían tanto como los de las grandes marcas si se ubicaran próximos a estos últimos. Pero no interesa.

Como veis, es una estrategia estupenda, para un público que se convence de una forma muy sencilla. No tienen más que ver lo que está de moda para comprarlo (o pedirlo). Será después cuando piensen si, realmente les gusta eso frente a otros juguetes. Así que, tened cuidado cuando llevéis a vuestros hijos al cine, o con la entrada, tendréis que comprar un buen cargamento de juguetes.

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¿Seguro que quieres un café?


Hace unos días comencé a leer el libro “El economista camuflado“, de Tim Harford. Es un libro en el que el autor trata de explicar los fundamentos de la economía de una forma sencilla para los no iniciados, y de un modo ameno (aunque yo, como ‘iniciado’, lo estoy disfrutando igualmente). Una lectura muy recomendada que debéis anotarla en vuestra lista de lecturas pendientes, si no la habéis leído aún.

En sus primeras páginas, para situar las primeras explicaciones, habla de las grandes cadenas de cafeterías (como esa en la que estás pensando). Brevemente, podríamos decir que este tipo de cafeterías se caracteriza por estar dónde y cuándo se las necesita; en las grandes ciudades se encuentran a las entradas y salidas del metro, esquinas de calles muy transitadas… Cuando la gente pasa (deseosa de un café) junto a estos comercios, entra sin más, cueste lo que cueste. Prefieren gastar un poco más antes que tener que buscar otra cafetería más económica; parece razonable un precio más elevado bajo estas condiciones ¿Verdad?

En este tipo de cafeterías, los productos son notablemente más caros que en establecimientos normales. Este incremento en los precios está motivado por los alquileres de los locales, costosos debido a los emplazamientos privilegiados y, como es normal, las empresas trasladan ese gasto en alquileres a los consumidores. Todo esto es normal y muy comprensible.

Pero después de leer, comprender e incluso meditar todo lo que se dice en el libro al respecto, tengo una duda que no se cómo darle respuesta. A continuación, expongo la situación:

Hace unos días, durante mis vacaciones, acudí a una cafetería de una gran cadena, parecida a las que se describen en el libro. El emplazamiento no era tan bueno como los que se describen en la situación anterior: Era una gran avenida, transitada, pero con cafeterías alternativas muy cercanas. Lo que tomamos fue un Capuchino y un Café Solo a, aproximadamente, 2,60 y 1,8 euros respectivamente (no recuerdo exactamente los precios). Sabía de antemano el precio (elevado) que tendrían nuestras bebidas, pero me hizo pensar en algo. Si hay alternativas mucho más económicas y muy próximas, ¿Por qué esta cafetería tenia los precios tan elevados?
Ya hemos dicho que el lugar no era malo, pero tampoco excelente, y con mucha competencia alrededor (con precios aproximadamente un 50% más bajos). Así, daré mi punto de vista acerca de este interrogante.

Estas cafeterías (o cualquier negocio de este tipo) tienen sus precios unificados, en mayor o menor medida, de forma que en el mismo territorio (salvo excepciones) comparten ofertas y precios. Esta estrategia, pudiendo mejorarse, reporta beneficios sustentados en una imagen de marca potente, con un único punto débil: La competencia local. Esta competencia, ofrece unos precios muy competitivos por unos productos muy similares (llegando a hablar incluso de productos sustitutivos), con la desventaja de que son los grandes desconocidos, al carecer de imagen de marca. Además, la marca robusta, creada tras muchos años de trabajo, puede actuar como un imán ante unos clientes incondicionales, que no piensan en que exista un producto sustituto más allá de su marca.

En este sentido, una oferta unificada, un servicio de la misma calidad en todos los establecimientos u otros factores de esta índole pueden crear una “atmósfera protectora” ante un cliente temeroso de descubrir otro establecimiento del que no sabe si quedaría satisfecho o no.

Ante estos argumentos, ¿Merece la pena el sobreprecio? ¿Sería admisible si la calidad del café fuera muy superior? ¿Y si fuera inferior? ¿Dónde estaría entonces la diferencia? Y, la pregunta más importante: ¿Seguro que quieres un café?

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